Mi querido celular
Por Rocío Sánchez
Lic. En español
Chat, Videollamada, Mensajes de texto, Twitter, Instagram, Youtube, Telegram, WhatsApp, correo electrónico entre otros, son nuevas formas de comunicación soportadas en Internet y que tenemos al alcance de la mano en nuestro teléfono celular. Para los jóvenes de hoy hablar de Internet o tener celular es tan cotidiano como usar ropa… pero para aquellos que crecimos en el siglo pasado la cuestión es bien diferente. Antes de que existiera Internet y tuviéramos teléfonos celulares o “smartphones” la vida era más sencilla, teníamos más tiempo para estar en familia, salir a jugar, hablar frente a frente, ir de visita, tener pasatiempos o simplemente procrastinar.
Este periodo hemos trabajado con los jóvenes de ciclo 4 la comunicación en el pasado. A través de entrevistas a sus padres y abuelos los chicos han indagado cómo era la comunicación antes de que existiera Internet y han sido bastante interesantes las conclusiones a las que han llegado.
Antes, se escribían cartas, esquelas y se enviaban telegramas, en fechas especiales se regalaban tarjetas hechas a mano en papel pergamino. El entretenimiento familiar era ver televisión en el único televisor de la casa que estaba casi siempre en la sala. Para encontrar tareas se recurría a los libros y enciclopedias y si la tarea era más complicada, se armaba plan con los compañeros para ir a la biblioteca a averiguarla. Existía un teléfono comunal en la cuadra y después se popularizó el teléfono fijo en cada casa; pero si estabas fuera de ella solo debías encontrar un teléfono público que sirviera. La música se escuchaba en el radio am y, en los hogares más acomodados, en el equipo de sonido, eso sí toda la familia escuchaba lo mismo. Las noticias se conocían solo cuando las presentaban en el noticiero de las 7 o por radio. No se le tomaba foto a la comida ni a cada cosa que se nos ocurriera pues las fotografías se tomaban con cámara de rollo y su revelada era costosa.
Hoy no hablamos, no escribimos a mano, no compartimos en familia, nos desconectamos del mundo con los audífonos, no nos miramos a la cara, estamos perdiéndonos el mundo, vivimos más pendientes de nuestra imagen en las redes, que de nuestra verdadera esencia.
No quiero satanizar a nuestros queridos celulares ni mucho menos, pues para muchos hoy es una de las posesiones más valiosas, (confieso que, si salgo de casa sin él, necesariamente me devuelvo a recogerlo). Además, se han convertido en la herramienta número uno para seguir con el proceso pedagógico en estos tiempos de Pandemia en los que la COVID – 19 nos ha alejado de las aulas: gracias a WhatsApp, a Facebook y al correo estamos en contacto con nuestros estudiantes y con sus padres, les enviamos y recibimos información, audios, guias, videos, videollamadas, Facebook live, podcast. El aprendizaje no se detuvo gracias al celular.
Como ustedes, aprecio, valoro y quiero mi celular, pero por nuestra salud mental, los invito a abandonarlo unas horas al día para disfrutar la vida. Volvamos a compartir en familia, disfrutemos de la naturaleza y el aire libre, entablemos conversación con la gente, salgamos a visitar a nuestros amigos, exploremos nuevos pasatiempos o dediquemos tiempo a no hacer nada… eso sí, desconectados de la tecnología.