Las muletas de la muerte

Por Maicol Rey (Egresado promoción 2020)

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“Si Dios no existiera, sería necesario inventarlo”
Voltaire

Desde que nacemos, hemos sido incluidos en una creencia social como la religión. Se nos ha inculcado que existe alguien, algo supremo que puede hacer lo inimaginable, y durante siglos ha permanecido la creencia de la condición suprema obligatoria. Estas creencias tienen contradicciones, confrontaciones injustas, dilemas, predisposiciones discriminatorias y reglas basadas en su ideología, sin embargo, todas sostienen que existe una explicación a la muerte y el comienzo de la vida. Discrepando parcialmente de la ciencia, las diversas religiones sustentan el paso a una nueva vida a partir de sus criterios y condiciones. Pero esto no ha podido ser comprobado ni justificado, la explicación de cada una sobre sus conceptos es mínima y se ha tergiversado a lo largo de su existencia. Y aunque existan amplias diferencias entre una u otra, todas coinciden en tener un concepto dirigido hacia la muerte y el trasfondo luego de ella, generando seguridad y confianza en sus creyentes. Lo que me conlleva a afirmar que las múltiples teorías sobre la concepción de la muerte son sólo máscaras que dispersan la idea de la muerte absoluta como la nada.

Cada ser pensante puede realizar lo que desee con su conocimiento y creencia, siempre y cuando su decisión no afecte a alguien más. No pretendo disminuir o minimizar la creencia/postura de alguien con respecto a la muerte, sino que intento formular una teoría con relación a las bases científicas, las múltiples proposiciones religiosas, filosóficas y metafísicas para aceptar la muerte como un ciclo natural, dejando de lado un propósito mayor para un ser supremo o una meta obligatoria para el ser mismo. En el proceso voy a contextualizar a partir de diversas fuentes lo que se ha recopilado a lo largo de estudios científicos en el núcleo de una influencia tan grande como lo es la religión, también estudiar la filosofía y la metafísica para poder validarlos mediante la ciencia.

Nadie sabe el punto exacto en el que se comenzaron a gestar las religiones, pero se sabe al menos que han sido una evolución de conceptos nómadas que se adaptan al transcurso de la sociedad. Sin embargo, los estudios relacionados a la historia de las diversas creencias indican que fluyó por el concepto psicológico para tener efectos de motivación y recompensa para los humanos. Los individuos querían alejarse de la vida rápida y los recursos materiales para centrarse ahora en la vida lenta, junto a las técnicas de autocontrol, ayuda y fe. Se determinaron entonces como religiones moralizantes y ascéticas, necesarias por la lenta transformación del sistema social que provocaba el aumento de población. Lo que significa necesidad de poder y control.

Las religiones más antiguas e influyentes son el cristianismo, islamismo, hinduismo, budismo y judaísmo, dadas a partir de diferentes estructuras, pero con la idea de que la muerte es el paso a una nueva vida, incluyendo la espiritualidad o el alma. Como la reencarnación, la separación del cuerpo y alma para el reencuentro posterior, el juicio divino, el nirvana, el reino de Yama y muchas otras teorías que definen esta incógnita. El ser humano entonces adoptó una religión con el compromiso de realizar para recibir, encontró al fin el sentido por el cuál trabajaría su vida, siendo el opio del pueblo. Y en todos estos criterios que jamás nadie dudó, empezaron a aparecer pensadores que deconstruyeron la manera de ver lo que se convirtió en una tradición. Se dio a entender que nadie nace con el poder innato de percibir a un dios, y si lo hiciese, ¿Cuál de todos sería? ¿Qué tradiciones se le impondría? ¿Acaso debería ser aceptado? ¿Y si no conociese a un Dios, estaría condenado al castigo por ello? De aquí nace la duda para la integración de diversos conceptos que explicaban la falacia religiosa. Como Karl Max decía y muchos estudios lo demuestran, la creación religiosa se dio a partir de la riqueza y jerarquía de las clases más altas con la intencionalidad de que el espíritu revolucionario de los oprimidos estuviera apaciguado bajo la creencia de un dios supremo, al cual confiaban sus condolencias y los deseos que tenían por querer mejorar su calidad vida, porque a la que estaban destinados era demasiado miserable. Otro filósofo que dio carácter del sin sentido de la vida fue Friedrich Nietzsche y el nihilismo, diciendo que la muerte es nada, por lo que se quiere ocultar y negar. “Y toda sociedad que oculta algo, lo hace omnipresente. Así, nuestras sociedades son sociedades letales, capaces de matar por la inmortalidad” (Villaverde, 2013). Porque la vida misma es la voluntad de dominar, y cuando los dominados no tienen salida, pretenden buscar la salida en otra vida ante la impotencia de la que viven.

En La Gaya Ciencia, Nietzsche menciona la frase más escandalosa para su momento: “Dios ha muerto”. Siendo aún más fuerte para la comunidad religiosa. Unos, la usaron para defender su dogmatismo y otros para aseverar su emancipación. En esta frase se intentó describir la ausencia simbólica de un ser o el caos de una estructura que suponía ser verídica. Unos afirman que se trató de un concepto metafórico para percibir la imagen de Dios o el fin del Dios que siempre había estado emancipándose en la historia. Pero es cierto que el pensador alemán estaba en contra del manejo que la religión había poseído sobre el mundo. Quiso inhibir en el pensamiento colectivo y calificar los términos de la religión. Así, sustentando la verdad presente de una ideología meramente redactada para controlar desde la seguridad personal. Desde darle una seguridad al deseo de mantener la vida eternamente. Ciertamente la coherencia intelectual religiosa que propuso la explicación a la muerte, tuvo que apegarse a la idea de liberar la consciencia y llamar alma a la última esperanza de vida en la miseria de los humanos.

“[…] El loco se lanzó en medio de ellos y los fulminó con la mirada. —¿Dónde está Dios?
—, exclamó, ¡se los voy a decir! ¡Nosotros lo hemos matado, ustedes y yo! ¡Todos somos unos asesinos! Pero, ¿cómo lo hemos hecho? ¿Cómo hemos podido vaciar el mar?
¿Quién nos ha dado la esponja para borrar completamente el horizonte? ¿Qué hemos hecho para desencadenar a esta tierra de su sol? ¿Hacia dónde se mueve ahora? ¿Hacia qué nos lleva su movimiento? ¿Lejos de todo sol? ¿No nos precipitamos en una constante caída, hacia atrás, de costado, hacia delante, en todas direcciones? ¿Sigue habiendo un arriba y un abajo? ¿No erramos como a través de una nada infinita? ¿No sentimos elaliento del vacío? ¿No hace ya frío? ¿No anochece continuamente y se hace cada vez más oscuro? ¿No hay que encender las linternas desde la mañana? ¿No seguimos oyendo el ruido de los sepultureros que han enterrado a Dios? ¿No seguimos oliendo la putrefacción divina? ¡Los dioses también se corrompen! ¡Dios ha muerto! ¡Dios está muerto!¡Y lo hemos matado nosotros! ¿Cómo vamos a consolarnos los asesinos de los asesinos?” (La Gaya Ciencia, Nietzsche, 1882, p. 125)


Sigmund Freud, el padre del psicoanálisis dijo en algún momento “La religión es comparable con la neurosis infantil” refiriéndose a la falencia notoria del concepto religioso. Freud analizó la religión con tres enfoques: la analogía, la crítica genética y la crítica funcional. Afectando las notas esenciales de la antropología y teología cristiana, así como el resto de religiones. En el análisis encontró patrones regulares en las conductas de los oradores y sus Dioses, como el poder masculino, muy relacionado al machismo contemporáneo y el proceso afectivo que subdesarrolló el remordimiento y la conciencia de culpabilidad. La obediencia absoluta era justificada como tradición y su desautorización significaría una condición negativa para el propósito final. Una psicología para imponer rutinas en las personas. Todo esto al final se convirtió en un diario de condición psicológica para cumplir propósitos personales y llegar a la llamada vida infinita. ¿Por qué cual otro propósito tendríamos sino vivir eternamente en un alma inanimada?

No se ha podido además interpretar ni unificar un único conocimiento universal por parte de las tantas teorías por la falta de posibilidades para demostrar su validez. Por parte de la ciencia, se dice que la muerte es la pérdida de la conciencia y la desaparición completa de las funciones cerebrales, aunque en el cuerpo se sigua albergando vida en los microrganismos y en el mini ecosistema que se genera en su descomposición. Muchos científicos afirman que, ante la imposibilidad de comprobar las múltiples teorías, la más aceptable, correcta y lógica es la nada. Concuerdan también que cualquier cuerpo es un núcleo de vida que genera más vida, demostrándose desde el inicio de nuestro mundo. Pero esto no ha sido siempre así y la ciencia ha tenido que reinventarse una y otra vez, esperando poder llegar siempre a la verdad comprobable. Y aunque la ciencia no ha podido explicar fenómenos como los viajes astrales, la hipnosis y muchos otros más, siempre estarán abiertos a estudios para su explicación. La muerte, es por demás la realidad del mundo que habitamos, del que somos conscientes, el de los humanos y la naturaleza, el ciclo de uno u otro. Es la intervención necesaria en el funcionamiento general de la vida. Por otro lado, la metafísica también intenta darle sentido a la vida, la creación, expansión y pronta muerte del mundo tangible. Intentan explicar la muerte como un proceso multidimensional, inmortal, sucesivo, repetitivo, interminable, entre otros. Brindando la posibilidad a cada uno de pensar sus propias conclusiones. De este modo, las creencias al ser juicios y evaluaciones, dan como resultado proposiciones acerca de algún objeto que es aceptado como verdadero sin importar su veracidad, es decir, la creencia proporciona un grado mínimo de confianza acerca de los atributos de algún objeto con otros objetos; por lo tanto, no viene de la evidencia ambiental o conductual, sino que ésta viene desde antes y le da significado al ahora. A lo que parece explicarse como una interacción de tira y afloja entre la creencia cultural y las demostraciones actuales.

Por lo tanto, operan como guías de conducta ante situaciones particulares, es decir, la creencia “dispone” al sujeto a responder de determinadas maneras y no de otras. La creencia es, entonces, un estado interno del sujeto que determina una estructura general de conducta, porque guía y orienta las acciones.

Ante la inquietud humana de saber todo a nuestro alrededor, hubo pensadores y líderes que brindaron seguridad y paz a aquellos perdidos. En ese proceso se pensó en dar esperanza y plena satisfacción por reconocer nuestra vida y el funcionamiento de ella. Ciertamente no se puede negar que fue necesario para fluir y progresar como seres humanos bien pensantes. Pero también es cierto que en la historia no pudimos afrontar la muerte como lo que es y vivimos idealizados en posponer lo inevitable. La ciencia definió la muerte como un proceso natural para el mundo, pero la humanidad decidió romantizarla para creer que vivir en una eternidad les serías más satisfactoria que aceptar el hecho de la nada. Porque no sólo le tenemos miedo a la muerte, sino que tenemos miedo de conocer algo que para nosotros era imposible.

Las múltiples teorías que se formaron sirvieron para ampliar nuestro espectro de fe y esperanza, pero también para minimizar el golpe de morir para siempre.



Bibliografía:

González HC, Silva BJJ (2019) “Validación de una escala de creencias sobre la vida después de la muerte y percepción de angustia”.
Tomado de: https://integracion-academica.org/anteriores/2-uncategorised/240-creencias-cientificas-y-religiosas-acerca-de-la-muerte-y-la-vida-despues-de-la-muerte-validacion-de-una-escala

Nietzsche Friedrich “La gaya ciencia” Capítulo 125 “El loco”.
Tomado de: https://www.guao.org/sites/default/files/biblioteca/La%20gaya%20ciencia%20.pdf

Villaverde Maza, Noemí (2013) “El nihilismo de la muerte en nuestra cultura”.
Tomado de: http://revistamito.com/el-nihilismo-de-la-muerte-en-nuestra-cultura/